viernes, 26 de marzo de 2021

17) EL ORDENANZA DEL BANCO DE VENEZUELA

Carlos Sánchez, Ordenanzas de la Sucursal del Banco de Venezuela, vivía en El Zanjón, a una cuadra de “Paco”, el pianista amigo de Em,ilio Morales (la Milú), que además afinaba los pianos de la burguesía angostureña. Carlos Sánchez tenía facciones europeas, era gordo cuadrado y de hablar pausado como su caminar que era por demás lento, acaso por su peso o por la hernia que le colgaba entre las piernas. Marcial Rivas, su vecino, me comentaba que tardaba una hora para llegar del Banco de Venezuela en el Paseo Orinoco, a su vivienda de El Zanjón, barrio colonial y por lo tanto, como Perro Seco, el más antiguo de la ciudad, apenas 200 metros de la Plaza Bolívar. Carlos Sánchez, precisamente, era una especie de ordenanza en la Sucursal del Banco de Venezuela que se ocupaba de cosas subalternas, de que todo estuviese limpio, muy en orden y en ese oficio pasó cincuenta años, más de la mitad de su existencia. Era bromista, presto y de gran confianza de la autoridad bancaria. Le tenían tanta confianza que lo distraían de su oficio habitual para enviar con él remesas millonarias a Agencias como la de Tucupita que dependían de la sucursal. Quién iba a creer que ese gordo apacible trasladaba maleta de lona en mano cifras millonarias fraccionadas en billetes de todos los colores y numeraciones?. Carlos Sánchez lo hacía con la mayor naturalidad, con la parsimonia y media sonrisa de siempre, amigable y bonachón. Tan celebrado en sus tertulias de esquina por el veterano Tomás Gómez, el contador Ramón Camacho, Enrique Avelino, Mariita Trías, Trina Osty, Pablo Fuenmayor, Guarisma, Amílcar Fajardo, D’ Anello, Jesús Díaz y tantos otros como yo que trabajaron en la vieja Sucursal del Banco de Venezuela.

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