Blog dedicado a registrar los hitos más relevantes de la vida de Américo Fernández, empezando por el Padre Agustín, el carmelita catalán que le enseño ver el mundo de otra manera.
martes, 2 de marzo de 2021
43) LA REVISTA ORINOCO
Me tocó dirigir varias publicaciones en Ciudad Bolívar: “Turismo en Guayana”, con la periodista Vilma Rodríguez Marcano; “La Palabra” de la Asociación de Escritores de Venezuela, Seccional Bolívar y la revisa Orinoco, en 1965 que, por cierto, celebró Luz Machado, premio nacional de literatura, con el siguiente artículo en un rotativo caraqueño: “Dirigida por Américo Fernández y Gladys Figarella, ha aparecido el Número 1 en mayo de 1965, de esta nueva publicación en Ciudad Bolívar. Generosa forma de persistir en lo que ha sido impulso y guía en las faenas periodísticas de la provincia, esta nueva revista puede llegar a convertirse en una gran adelantada del diarismo interiorano. Con una breve nota de la Redacción, llena del aliento joven de quienes se adentran en tan difíciles labores, han conseguido imprimir la fugaz importancia que es necesaria a este tipo de publicación, en la que las gráficas llenan su cometido y las secciones encuadran bien en una diagramación moderna que posteriormente, con las ligeras reformas que impone el continuo oficio, va a traducirse en mejoras en todos los sentidos de estas páginas. Una sola observación haríamos: la de que frente a las necesidades y males que sabemos que existen, deberían tomar- una posición más combativa, más a favor a realización de los problemas de todo tipo allí seguramente existen, más de índole servidora de la colectividad, en el sentido de librar pequeñas o grandes batallas que significan los esfuerzos de unos, estimular a otros, imitar a quienes han fallado en su compromiso por conciencia y por obligación ante la so- ad, en fin, acicatear y orientar y dirigir cuando haya necesidad de ser enrumbado, orientado aclarado. Misión de eficacia y de vigilancia con- a, el periodismo, mucho más el que se ejer- n la provincia, ha de estar alentado hoy por cuanto es urgencia de hacer, de realidad incuestionable a la que no se puede eludir, de cierta pugna contra cuanto significa regresión, estancamiento, pereza, desmayo. No sostengo la de un periodismo polémico y de combate a prueba, a cada instante, y para toda hora, que busco resaltar la bondad que a través periodismo y de su ejercicio, puede lograrse.
En Guayana y en Ciudad Bolívar hay urgencias de tipo social, incuestionables. Eso lo sabemos quienes de alguna manera estamos un poco al tanto, por lo menos, de los más importantes dos de una colectividad. Y de allá sabemos por ejemplo, que hay obras médico-asistenciales cuya urgencia de funcionamiento es inaplazable.
Sin embargo, no se es del todo justo si se les pide a ellos, los que comienzan, que abran esta batalla ellos solos y comenzando. No somos justos porque realmente, los periódicos son los más llamados, por sus mismas características, a llenar estas funciones. Debo reconocerlo. Pero hay una que es fundamental también. La de la información cultural, la de la tarea cultural. Esta sí, aun cuando haya necesidad de que se ocupen en ella los mejores esfuerzos, reviste una continuidad menos inmediata en cuanto a impulsos, pues una vez impresos éstos, lo demás es cuestión de persistir, de aupar, de estimular e imprimir alientos a sus orígenes.
La labor cultural que puede realizar la Revista Orinoco en Ciudad Bolívar es omnímoda. Porque hacía tiempo que —así creemos— no existía un tipo de publicación que permitiera alentar a los jóvenes pintores, a los poetas, a los creadores y artistas. Y el artista necesita ser alentado quizá como ningún otro, en su trabajo. Porque es el trabajo que menos apariencia de necesidad tiene para las mayorías. Es el círculo más cerrado el de su creación e interpretación. Y siendo su significación tan absolutamente trascendente, no es la que merece ni es la que encuentra estímulos suficientes para nacer, crecer, desarrollarse, hasta convertirse en una autónoma cifra de valor absoluto en la vida culta de un pueblo.
Así, le tocaría más bien a la Revista —y sirvan estas últimas líneas como rectificación de iniciales observaciones cordiales—, procurar que se cuide y engrandezca el Museo Talavera; que se organice el de la casa del Congreso de Angostura; que se recreen el Ateneo, o la Asociación de Escritores Venezolanos, cuyas seccionales ya han comenzado a organizarse en el Interior. Que se realicen exposiciones de pintores, cuide y engrandezca el Museo Talavera; que se organice el de la casa del Congreso de Angostura; que se recreen el Ateneo, o la Asociación de Escritores Venezolanos, cuyas seccionales ya han comenzado a organizarse en el Interior. Que se realicen exposiciones de pintores, recitales de poesía y conciertos al aire libre en su nueva Concha Acústica. En fin, que se movilice el espíritu —que a veces se nos antoja adormecido de puro silencio— de esa gran región que es Guayana, de ese gran Estado Bolívar, que si cuenta con la poderosa fuerza espiritual capaz de sostener, cuando menos, las viejas columnas que desde las fundaciones históricas erigieron los adelantados y que se continuaron en la obra del Libertador, comprometieron para siempre las generaciones del porvenir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario